sábado, 30 de septiembre de 2017

CRIMINOLOGIA - HELLO KITTY MURDER

                                   HELLO KITTY MURDER - HISTORIA COMPLETA (REAL)


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Hello Kitty Murder es el nombre por el que se conoce el caso de tortura y asesinato más espeluznante que haya conocido Hong Kong en mucho tiempo.
En marzo de 1999, Fan-Man-yee, de 23 años, alternadora de un club nocturno de Hong Kong, fue secuestrada por tres miembros de la Tríada china y torturada durante un mes hasta morir, en un apartamento del distrito de Tsim Sha Tsui, en el área de Kowloon, Hong Kong.
El cadáver fue descuartizado, y la cabeza alojada dentro de una gran muñeca Hello Kitty, lo que dio nombre al caso.

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La víctima


Fan Man-yee, apodada Ah Map, fue abandonada cuando era pequeña, y criada en un hogar para niñas del barrio de Ma Tau Wai, distrito de Kowloon, Hong Kong.
Llegada la adolescencia, su vida se desarrollaba entre algunos pequeños delitos, prostitución y consumo de drogas.
Muchos de sus clientes, y eventuales amantes, eran miembros de la Tríada. Así conoció a su ‘marido’, adicto como ella, en mayo de 1996, mientras se desempeñaba como bailarina en el club nocturno Empress Karaoke. Se fue a vivir con él y tuvieron un hijo. Los repetidos y escandalosos episodios de violencia, que despertaban a los vecinos, pusieron fin a la relación.

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El caso


En 1997, Fan Man-yee trabajaba en el Romance Villa, un prostíbulo del área de Kowloon. Uno de sus asiduos clientes era Chan Man-lok, un exitoso, despiadado rufián, usurero, consumidor y vendedor de drogas, miembro de la Tríada. Entre noches de sexo y consumo desenfrenado de estimulantes, trabaron amistad. Todo hubiera ido bien, si Fan no hubiera tenido la nefasta ocurrencia de intentar quedarse con una billetera de Chan, con 4.000 dólares. Fue descubierta y tuvo que devolver dicha cantidad, además de 10.000 dólares adicionales, a modo de compensación. No considerándolo suficiente, Chan le exigió 16.000 dólares más, en concepto de “intereses”.
El 17 de marzo de 1999, Chan Man-lok, de 34 años, y sus dos compañeros de Tríada, Leung Shing-cho, de 27, y Leung Wai-lun (apodado ‘Gangster’), de 21, secuestraron a Fan Man-yee de su apartamento.
Chan Man-lok ocupaba un lujoso apartamento de siete habitaciones sobre la elegante Gransville Road, el paseo de compras más famoso de Kowloon. El plan era tener a Fan Man-yee allí encerrada, y explotarla hasta que hubiese producido el dinero que Chan consideraba que le debía.
Pero las cosas no salieron de acuerdo a lo planeado. Al igual que Fan, los tres mafiosos eran asiduos consumidores de ‘hielo’ (clorhidrato de metanfetamina), un psicoestimulante, pariente de la anfetamina, mucho más potente y sumamente adictivo.
Bajo los efectos de la poderosa droga, tener a la indefensa muchacha allí resultó irresistible.
Comenzaron a castigarla asiduamente por simple diversión, o cuando estaban aburridos y no había nada en la televisión.
Los torturadores obligaban a Fan Man-yee a sonreír o reír a carcajadas, simulando estar feliz, mientras la golpeaban salvajemente.
De vez en cuando una jovencita de 14 años, novia de Chan Man-lok, los visitaba y se sumaba a la diversión. Siendo menor de edad, para las actas del juicio recibiría en su momento el nombre de ‘Ah Fong’.
“Era como un juego”, declararía Ah Fong en la Corte. “Si ella no lo hacía, la golpeaban con más violencia. Le decían que se riera mientras la quemaban. Había una atmósfera de diversión.”
Los tres hombres encontraron en la propia cocina del apartamento todo lo necesario para sus torturas.
Sujetaban a Fan, prendían fuego a unas pajillas y dejaban gotear el plástico derretido sobre las plantas de sus pies, hasta que la piel se ampollaba y empezaba a supurar. Luego le derramaban aceite de guindilla sobre las heridas. Cuando se les terminaba la paciencia, le quemaban los pies directamente con fuego, y le golpeaban los pies lastimados con un palo.
En varias oportunidades, los tres hombres le orinaron en la cara y en la boca, y la obligaron a tragar la orina, castigándola a golpes cuando no conseguía hacerlo.
En una oportunidad, se divirtieron haciendo que la niña Ah Fong defecara dentro de una caja de zapatos, y obligaron a Fan a comerse las heces.
Conforme pasaban los días, aumentaba la brutalidad de las torturas infligidas por los tres hombres, bajo los efectos de grandes cantidades de clorhidrato de metanfetamina.
Algunas veces, cuando no había nada en la televisión, ataban a Fan con cables eléctricos, la colgaban de un gancho en el cielorraso y la golpeaban con barras de hierro. Más adelante, ni siquiera se tomaban el trabajo de descolgarla. Fan quedaba allí colgada toda la noche.
Hacia el final de sus días, Fan estaba tan enferma y maltrecha que alternaba momentos de consciencia con períodos de inconsciencia, mientras permanecía tirada en el piso o colgando del techo. Así solían dejarla, mientras los cuatro salían a jugar videojuegos de arcade en un local cercano.
Cuando en la Corte se le preguntó a Ah Fong por qué participaba de las torturas, ella explicó con esfuerzo que Fan le caía bien, pero ella “quería saber cómo se siente castigar a alguien.”
“Ella estaba destruida y divertirse torturándola ya no era tan divertido. Pero igual continuamos, no había otra cosa que hacer.”

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El final


Hacia el final de su calvario, Fan Man-yee permaneció tirada en el piso del baño por dos días. Una mañana, Ah Fong se despertó, fue al baño y la encontró muerta. Había muerto durante la noche.
Los tres mafiosos discutieron qué hacer con el cadáver. Como no llegaron a ninguna decisión, la dejaron donde estaba y se fueron al local de videojuegos.
A la mañana siguiente, bajo los efectos de una fuerte dosis de ‘hielo’, tomaron una decisión.
Depositaron el cadáver en la bañera y lo cortaron en trozos. Chan tomó un serrucho y separó la cabeza. Sus dos compañeros de Tríada desnudaron el cuerpo, lo cortaron, envolvieron los trozos y los guardaron en el refrigerador.
Cuando Ah Fong se despertó, Chan sostenía una bolsa de plástico delante de sus ojos. “Son los intestinos de Fan. Llena la bolsa de agua caliente, hasta que deje de echar olor”, fue la sencilla explicación de Chan.
Mientras Leung Shing-cho cocinaba la cabeza, llamó a la niña: “Ven aquí, y échale una mirada”, le dijo. “No, me da miedo”, dijo ella. “Sólo haz de cuenta que estás viendo televisión”.
Más tarde Ah Fong declararía en la Corte: “Cuando miré en la olla y vi la calavera hirviendo, resultó verdad. Era como una que había visto en la televisión.”
Al mediodía pararon para almorzar. La cabeza se hervía en una de las hornallas, mientras los fideos se cocinaban en la otra. Usaron la misma cuchara para revolver ambas ollas.
Una vez la cabeza fue hervida hasta quedar reducida a una calavera, la cosieron dentro de la cabeza de una enorme muñeca Hello Kitty. Tiraron la mayor parte del cuerpo a la basura, y les dieron los brazos y las piernas a unos perros vagabundos.
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La venganza de Fan Man-yee


Todo hubiera ido bien para los tres compañeros de Tríada, de no ser por las pesadillas que, tal vez por la impresión o el remordimiento, comenzaron a asolar a la jovencita Ah Fong. Fan Man-yee se le aparecía en sueños. Volvía a verla atada con alambres, colgando del techo.
Cuando ya no soportó más, acudió a la estación de policía de Tsim Sha Tsui, Hong Kong, y confesó todo. Contó a los asombrados oficiales que estaba siendo asediada por el fantasma de una mujer que ella había ayudado a torturar, matar y descuartizar. Pese al escepticismo inicial, los policías acudieron, guiados por la niña, hasta un lujoso apartamento sobre Gransville Road.
Sólo pudieron encontrar un diente, algunas visceras y, dentro de una enorme muñeca Hello Kitty, la calavera de la infortunada Fan Man-yee.
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El fallo de la Corte


El asesinato se convirtió rápidamente en un suceso en los medios informativos de Hong Kong.
Al cabo de un juicio de seis semanas, el trío fue condenado por homicidio involuntario y privación ilegítima de la libertad por un jurado de la Corte de Primera Instancia. Ello se debió a la condición de adicta a estimulantes pesados de Fan Man-yee. Los exámenes forenses no pudieron determinar de forma fehaciente que la muerte se hubiese producido exclusivamente a raíz de los castigos recibidos. El ya de por sí minado organismo de Fan Man-yee pudo haber sucumbido en parte debido a su adicción.
La niña Ah Fong no fue imputada, debido a su colaboración durante el juicio.
El juez Peter Nguyen, que dictó la sentencia, estableció: “Nunca en Hong Kong en años recientes una Corte ha oído de tal grado de crueldad, depravación, insensibilidad, brutalidad, violencia y perversidad.”
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Referencias culturales


La enorme repercusión que tuvo el caso en los medios de Hong Kong, motivó que se produjeran dos películas sobre el caso.
烹屍之喪盡天良 Peng shi zhi sang jin tian liang (aka: Human Pork Chop), 2001, dirigida por Benny Chan Chi Shun.
人頭豆腐湯 Ren tou dou fu shan (aka: There is a Secret in my Soup), 2001, dirigida por Yeung Chi Gin.
Un episodio de la serie de televisión Bones, titulado “The Girl in the Mask” trata sobre el hallazgo, dentro de una máscara, de la cabeza de una joven escort japonesa en Estados Unidos.

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FUENTE: CREEPYPASTAS



viernes, 6 de enero de 2017

HISTORIA - LA SANGRIENTA HISTORIA DEL GRUPO MAYHEM

"LA HORROROSA Y TERRORIFICA HISTORIA DEL GRUPO DE METAL SATANICO MAYHEM"

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Mayhem, la sangrienta historia del black metal


Noruega. Estado de bienestar, pacifismo, desarrollo, progreso, conciencia social, vamos, un ejemplo y una aspiración al que muchos le echamos un ojo como idea de lo que nos gustaría que fuese nuestro propio país. Y al mismo tiempo, junto con el resto de los países escandinavos, uno de los lugares con mayor cantidad de bandas de heavy. En todas sus variantes

Y fue allí donde se dio origen a una de sus variantes más extremas, el black metal. Y la que es posiblemente la banda más influyente, y con la historia más sangrienta. Mayhem.
En 1984, un grupo de jóvenes, fundamentalmente Oysten "Euronymous" Aarseth  y Jorn "Necrobutcher" Sturbberud, e influenciados por otro grupo, Venom, que un par de años antes sacó su último disco, Black metal, crearon el grupo de black metal Mayhem. Grupo que durante sus primeros años tuvo multitud de cambios de miembros y dónde sólo se llegaron a publicar un par de maquetas. Estos jóvenes tenían en común ideas que van muy en contra de lo que se considera normal en los países nórdicos, donde, a pesar de sus tasas de ateísmo, están altamente cristianizados. El satanismo, paganismo, la exaltación de lo nórdico, la violencia y la muerte eran parte de sus ideales, como se ve constantemente reflejado en sus letras, y en sus actuaciones, plagadas de sangre, autolesiones y empalamiento de animales muertos.


Resultado de imagen de GRUPO MAYHEMEn uno de esos constantes cambios de miembros de la banda, destaca una fecha y un nombre. En 1988 se incorporó a la formación Per Yngve Ohlin "Dead" como vocalista. Un personaje obsesionado con la muerte, al que acompañan numerosas anécdotas y leyendas, y que era propenso a realizarse cortes en los conciertos que sangraban profusamente, llegando incluso a ser ingresado tras una actuación por haber perdido demasiada sangre. Tenía una personalidad muy negativa y pesimista, por lo que posiblemente sufría algún tipo de depresión, como así confesaron algunos de sus amigos y compañeros.
A principio de los 90 Euronymous era el propietario de una pequeña tienda en Oslo llamada Helvete (Infierno en español) y de un pequeño sello discográfico, Deathlike Silence Productions, que se convirtieron en el centro neurálgico del black metal, donde acudían tanto músicos como aficionados para intercambiar ideas, y donde surgió el Inner Circle, con dos objetivos, dar forma a la música que interpretaban y realizar acciones anticristianas de marcado carácter violento. Entre los miembros del Inner Circle se encontraba Varg Vikernes, fundador y único miembro del grupo Burzum. Vikernes compartía las ideas del grupo a las que añadía una marcada ideología nazi.

El 8 de abril de 1991 Dead se dirigió a dar un paseo por el bosque, durante el cual decidió acabar con su vida, por lo que se cortó las venas. Viendo que no obtenía el resultado esperado, regresó a su hogar y se descerrajó un tiro en la cabeza con una escopeta de caza. En la nota de suicidio se podía leer: Perdonad toda esta sangre. El cuerpo fue encontrado por el propio Euronymous, que ni corto ni perezoso, cogió una cámara de fotos y se dedicó a retratar el cadáver de su compañero, fotos que fueron posteriormente utilizadas en la portada de su álbum Dawn of the black hearts, así como a recoger pedazos del cráneo de Dead con los que posteriormente realizó un collar.


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Mientras, las actividades del Inner Circle seguían adelante, y empezaron a llevarlas a la práctica, sobretodo de la mano de Virkenes. En junio de 1992 incendió la iglesia de Fantoft, una construcción medieval de madera que se encontraba entre las más antiguas de Noruega, acto que afectó a las pacífica sociedad noruega, y que como efecto añadido consiguió darle una fama al black metal de la que entonces carecía, sacándolo del circuito underground en el que se encontraba y dándole incluso transcendencia internacional. A este incendio le siguieron otros hasta completar más de 50 en un periodo que abarcó 6 años y donde se incluyeron miles de profanaciones de tumbas y pintadas satánicas en numerosos cementerios, que culminaron con el asesinato de un homosexual a manos del jóven Bard Eithum, en aquel entonces dependiente de Helvete, la tienda de Euronymous,
Asímismo, la colaboración musical entre Virkener y Euronymous seguía adelante. A través del sello propiedad de Euronymous, salió el primero de los discos de Burzum, de mismo nombre, y empezó a colaborar como bajista en la grabación del que sería el primer disco de Mayhem, De misteriis dom sathanas. De algún modo, las cosas entre los dos se complicaron de manera extrema. El éxito del disco de Vikernes provocó la envidia de Euronymous, y al mismo tiempo, aquel vio cómo perdía el control de los ingresos del mismo al pertenecer al sello del segundo. La situación se tornó explosiva y tomó todo su dramatismo la noche del 10 de agosto de 1993. Virkener, acompañado de su amigo Snorre Ruch, se dirigió al hogar de Euronymous, y una vez allí, con la excusa de hablar de negocios, subió solo hasta el apartamente y le asestó 25 puñaladas, tras lo cual emprendieron la huida dejando el cadáver en el suelo. Virkener alegó defensa propia y que las puñaladas en la espalda se las produjo al caer sobre cristales rotos, por lo que no se podrían considerar tales. No resultó. Fue condenado a 21 años de cárcel, máxima pena del sistema judicial noruego.

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En un último giro del destino, meses después se publicó De misteriis dom sathanas, primer largo de Mayhem, donde colaboran asesino y víctima. La publicación del disco se retrasó por la negativa de los padres de Euronymous a que se publicase mientras siguiese grabada la colaboración de Vikernes, ya que se convirtieron en los propietarios del sello discográfico. Al final, el batería del grupo, Hellhammer, engañó a los padres asegurándoles que se habían sustituido las pistas correspondientes cuando no era así y el disco fue puesto a la venta.
Tras estos acontecimientos, la banda se disolvió temporalmente, volviendo a reunirse en 1995. Verg Virkenes siguió componiendo en prisión a la vez que publicaba sus escritos, y tras 16 años en prisión obtuvo la libertad. El black metal sigue siendo un mundo extremo donde se siguen produciendo acontecimientos sangrientos, pero, al mismo tiempo, su proyección internacional ha generado una serie de bandas que, según los puristas, no dejan de ser más que teatro e imagen.


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Fuente: El blog de kpitel

jueves, 22 de diciembre de 2016

MISTERIO - LA DESAPARICION DEL NIÑO DE SOMOSIERRA


                                    EL NIÑO DE SOMOSIERRA - LA OTRA REALIDAD


El misterio del niño que se evaporó en Somosierra entre el ácido y la droga

Juan Pedro desapareció hace 30 años tras el accidente del camión conducido por su padre. Además de ácido, transportaba droga. El caso desconcertó a la Europol. El misterio continúa.

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Un niño murciano protagonizó la desaparición más desconcertante y de mayor extrañeza ocurrida en el viejo continente durante las últimas tres décadas. Así lo considera la Oficina Europea de Policía (Europol). El misterio ha rodeado en todo momento tan enigmático caso y dado pábulo a numerosas teorías.
Un camión volcado en el puerto madrileño de Somosierra provocó un gran caos circulatorio. Sucedió el 24 de junio de 1986. En su interior se veía a dos ocupantes muertos. En la parte trasera del tanque de carga, donde figuraba la advertencia de líquido inflamable, fluía un espeso reguero de ácido incoloro. Estaba haciendo surco en el suelo y bajaba rápido por el campo, provocando pequeñas explosiones.

La Guardia Civil tuvo que actuar con rapidez para evitar males mayores. La noticia del espectacular accidente se difundió en los informativos de TVE. Al poco se recibía una llamada de la madre del camionero informando de que en el vehículo también viajaba un hijo de éste. Los agentes de la Benemérita inspeccionaron de nuevo la cabina, pero del niño no había ni rastro. Comenzaba el misterio.

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¿DISUELTO EN ÁCIDO SULFÚRICO?

La crónica del suceso se iniciaba con las primeras luces del día. El sol abría sus ojos, despuntando por los hombros mordidos de las montañas, hasta arrebujarse en sus crestas. El día adquiría nostalgia de noche y ésta guardaba las llaves del secreto.
Un camión descendía velozmente. Los neumáticos chirriaban y la carga se tambaleaba amenazadoramente. Los vehículos que transitaban en sentido contrario tenían que apartarse hacia el arcén para evitar la colisión.
En una curva derrapó, volcando aparatosamente. El ambiente se inundó de una nube de polvo, frenadas, voces y gritos. Figuras borrosas aparecían por todas partes. Los agentes de la Benemérita empezaron a poner orden en el caos circulatorio.
La atmósfera empezaba a hacerse irrespirable. Al haberse mezclado el ácido del camión con el rocío se produjo la ignición y, lo que era más preocupante, amenazaba con proseguir por la ladera hasta los márgenes de un afluente del río Duratón. Había que sofocar el conato de incendio y controlar el tráfico en medio de una auténtica nube tóxica.
Se solicitaron grandes grúas para retirar la cisterna y otros vehículos accidentados. También el envío urgente de 15.000 kilos de cal, como neutralizante del fuego, para evitar un desastre ecológico de incalculables consecuencias.
Tras recibir la noticia de que eran tres personas las que viajaban en el camión los bomberos abrieron con cortafríos la cabina en busca del chaval. No encontraron nada del chico. Se pensó entonces que podía haber quedado totalmente diluido por el compuesto químico, pero cuando los técnicos examinaron el escenario, tras extraer los cadáveres de los padres del amasijo de hierros, desecharon tal hipótesis.
En el supuesto de que la carlinga hubiera hecho el efecto de bañera y, como consecuencia, se hubiera descompuesto el cuerpo –se necesitan dos semanas para que se disuelva un trozo de carne–, los huesos, convertidos en fosfato, habrían permanecido flotando sobre la solución. Además hay elementos como dientes, botones y otros muy difíciles de disolver en ácido.
De inmediato se emprendió una intensa y exhaustiva búsqueda con ayuda de la Cruz Roja y el vecindario. Más de diez mil personas participaron en las labores de rastreo por toda la zona. Los haces luminosos de las linternas escrutaron matorrales, recodos, montículos, riachuelos…
Se inspeccionó la sierra en un radio de 30 kilómetros a base de helicópteros y perros adiestrados. Pero no se encontró ni una sola pista, marca o huella. El chaval parecía haberse esfumado.

EXTRAÑAS PARADAS DEL CAMIÓN

Realizadas las primeras indagaciones se supo que los fallecidos eran Andrés Martínez Navarro, chofer y propietario del Volvo F-12, y su esposa, Carmen Gómez Legaz. El camionero tenía que desplazarse desde Los Cánovas, una pedanía de la localidad murciana de Fuente Alamo, hasta Bilbao. El porte que llevaba eran 20.000 litros de ácido sulfúrico olium, de 98 grados de pureza, con destino a una empresa petroquímica de Bilbao.
Decidió llevarse a su hijo, Juan Pedro, de 10 años, como premio al buen resultado escolar de fin de curso. Además, aquel 24 de junio de 1986, era su santo. Su esposa les acompañaría para que estuviera pendiente del chaval.
Tras repostar en la Venta del Olivo, a pocos kilómetros de Cieza, siguió viaje hasta el pueblo coquense de Las Pedroñeras, aparcando en el área de descanso. El personal de la gasolinera les observó, apenas pasada la medianoche, dando una cabezada. Al rato reemprendían camino por la nacional 301. Había poco tráfico en la N-IV y pronto alcanzó Madrid.

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El recorrido se desarrollaba con total normalidad. El mesón El Maño fue el último lugar donde vieron a los tres juntos mientras desayunaban. El camarero que les atendió observó después cómo montaban en la cabina y reemprendía la marcha.
El resto de lo que se sabe son los datos recogidos en el tacógrafo. El vehículo llegó a realizar, subiendo el puerto, hasta doce paradas. Algunas de diez o quince segundos, lo que no servía para cubrir ninguna necesidad fisiológica y menos mecánica. Una vez alcanzada la cima se lanzó cuesta abajo a 140 kilómetros a la hora. Hasta que volcó en una curva.
Inicialmente se comentó, como decíamos antes, que el niño podía haber sido consumido por el ácido sulfúrico, pero a los padres les estuvo cayendo líquido encima y apenas les causó quemaduras.
"Desde un principio tuvimos muy claro que el niño no viajaba en el camión. El chaval iba en otro vehículo. ¿Motivo? Lo habrían cogido como garantía contra la voluntad de su padre", así me lo confirmó el general de la Guardia Civil José Luis Pardos, entonces comandante y máximo responsable de la zona en la que acaeció el suceso.
Para corroborar su experta opinión encargó que trajeran un trozo de carne animal y la sumergieron en ácido. Los huesos empezaron a verse afectados al cabo de cinco días. Estaba claro que era imposible que el niño se hubiera descompuesto por completo sin que hubiera quedado en suspensión absolutamente nada.
Los conductores que aquella trágica mañana circulaban por dicha carretera declararon que habían observado una furgoneta Nissan Vannete blanca que precedía a toda velocidad al camión. Un par de pastores, que presenciaron el accidente, atestiguaron que de inmediato dicha furgoneta se detuvo. Al volante iba un hombre con bigote y melena, acompañado de una rubia, ambos de altura considerable y aspecto nórdico. Se acercaron a la humeante cabina. El conductor manifestó que su mujer era enfermera. Registraron el camión y, poco después, aprovechando el maremagnum, se fueron disimuladamente portando un bulto.

La campaña de búsqueda

Los abuelos y tíos de Juan Pedro iniciaron una masiva campaña de búsqueda. Tras gastarse un par de millones de pesetas en una gran labor de rastreo tuvieron que solicitar ayuda para proseguir por toda la geografía nacional. Colocaron 85.000 carteles en calles y especialmente en fachadas de centros escolares, ayuntamientos, oficinas de correos, etc. Esperaban que la ciudadanía respondiera a tan angustiosa demanda de los familiares.
A la par recorrieron miles de kilómetros, atentos siempre a cualquier noticia o indicio; escudriñaron las cunetas desde el lugar del siniestro hasta Burgos. Asimismo, contrataron al detective Jorge Colomar, especializado en desapariciones de personas y que ha conseguido importantes logros.
Demasiadas han sido las llamadas desde entonces intentando facilitar datos sobre el paradero del niño. Aparentemente reales unas, fantasiosas otras… Era como si los ojos y el cabello de un intenso negro del chavea murciano aparecieran y desaparecieran por toda nuestra geografía. Incluso videntes y radioestesistas nacionales y extranjeros realizaron conjeturas, sin resultado alguno.
Hubo algún experto que se dirigió al semanario El Caso explicando que el cuerpo descompuesto del niño quedó sepultado bajo el amasijo de tierra provocado por el camión al volcar la cuba. Los perros no habrían detectado restos debido a la asfixiante contaminación del ambiente. Nos desplazamos hasta el kilómetro 95 de la Nacional I, en la linde de Madrid y Segovia, con una excavadora que, ante la presencia de la Guardia Civil, perforó el suelo en busca de algún resto orgánico. Pero, una vez más, nada de nada.

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TRÁFICO DE HEROÍNA

Empezaron a barajarse toda clase de teorías en torno a tan desconcertante suceso. Al tiempo fue adquiriendo fuerza la de que había por medio alguna red de tráfico de drogas. Existían organizaciones criminales que utilizaban transportes de mercancías peligrosas para trasladar estupefacientes desde puntos del litoral mediterráneo del sureste a otras zonas de la península.
La familia intentó atajar el rumor: "Andrés no estaba implicado voluntariamente en dicho negocio". Voluntariamente, he ahí el quid de la cuestión.
Apuntaban algunos a que podía haber sido presionado y posteriormente retuvieran al niño para garantizarse que efectuara el delictivo traslado. Había adquirido un camión de segunda mano por cinco millones de pesetas, que pensaba pagar a plazos. Dos meses antes del accidente tuvo que efectuar una reparación en la caja de cambios y en los frenos por valor de 700.000 pesetas. Arrastraba una buena deuda.
Por ello existía la posibilidad de que personas conocedoras de su crítica situación aprovecharan para ofrecerle un porte de droga. Puede que, agobiado por tal situación, aceptara inicialmente o que, coaccionado de modo directo, accediera a ello. Y quizá en alguna de las continuas paradas que efectuó durante el ascenso al puerto le forzaron, desde el coche lanzadera, a llevarse a su hijo en calidad de garantía hasta que entregara el alijo en su destino final.
Después se produjo el accidente y el niño, merced a su forzosa retención, salvó de momento la vida, pero para quedar en manos de una peligrosa banda de narcotraficantes. Un incómodo testigo al que pudieron eliminar al poco.
Tras el accidente el camión fue trasladado al municipio madrileño de Colmenar Viejo, donde se instruirían las diligencias. Tras inspeccionar durante horas el habitáculo de la cabina, lo único que se encontró del chaval fue la goma de una zapatilla deportiva. Nuevamente se ratificó la imposibilidad de que su cadáver se hubiese desintegrado en tan breve espacio de tiempo.
Al año del suceso El Caso titulaba a toda plana en su portada: "El niño de Somosierra, ¿en poder del narcotráfico? Se ha encontrado heroína en la cisterna del camión siniestrado".
Informaba detalladamente de que el hallazgo de la droga fue consecuencia de una diligencia ordenada por la jueza de Colmenar Viejo. En el año transcurrido desde el accidente el sumario experimentó diversos avatares. Cambió la titular, María Riera, y fue su sustituta María Dolores Ruiz Ramos quien ordenó buscar en la cisterna del camión restos de heroína. La cuba descansaba en Cartagena desde hacía un año sin que a nadie se le hubiera ocurrido examinarla a fondo.

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La Guardia Civil descubrió la droga oculta en un bulto, enrollado en una manta, todo ello envuelto en una lona blanca y finalmente protegido por un plástico gualdo. El alijo estaba depositado en un compartimento, al final del depósito, cubierto de ácido sulfúrico por encima y por debajo.
El propietario de la cuba, Antonio Medonio, se mostraba convencido de la inocencia del camionero. «Pudieron quitarle al crío con amenazas para obligarle a hacer algo que no quería. Quizá lo forzaron a transportar la carga secuestrando al niño hasta que la mercancía llegara a Bilbao». Aunque en sus siguientes palabras caía en una clara contradicción: "Tenía muchas deudas. No creo que nadie esté trabajando en el tema ese por amor al arte, que mueve mucho dinero".
La abuela materna del niño, María Legaz, recelaba al respecto: "Unos dicen una cosa, otros dicen otra… Yo qué sé si llevaría en el camión… No lo sé. Mi yerno, aunque le hubieran apuntado con una pistola, prefiere que lo maten antes que dejar al zagal".

"Cogieron al crío de rehén"

El portavoz de la familia, Juan García Legaz, era categórico en sus manifestaciones: "Cerca del lugar del siniestro había un control policial. Está claro que los traficantes de droga obligaron a parar el camión y cogieron al crío de rehén, forzando circunstancialmente al padre a efectuar el transporte de droga".
Tenía claro lo que estaba pasando. "Una red delictiva muy importante, que había detrás de todo esto, nos estuvo acosando telefónicamente para que no prosiguiéramos con nuestras indagaciones. Sabían que mientras no soltaran a su presa no había testigo alguno que pudiera denunciarles. Solicitamos la intervención de nuestros teléfonos, que se localizara a los titulares de furgonetas similares a la que se detuvo junto al camión y un montón de pesquisas más… Ni resultado ni ayuda alguna".
Y una queja contra la Policía y la Guardia Civil. "No se investigó entonces debidamente. Fueron dos primeros años vitales con muy poca atención para ayudarnos en nuestras búsqueda".
Una regla de oro en estos casos es que, conforme transcurre el tiempo, menores son las posibilidades de resolverlo. Cada minuto que se pierde al inicio juega a la contra y puede convertirse en una eternidad.
¿Qué fue de Juan Pedro?, es la pregunta que se hacen muchos. Tal vez sólo los valles que rodean el puerto de Somosierra lo sepan, pero su silencio es imperturbable. Nunca podrán contarlo.
***Juan Rada es director adjunto de 'El Caso'

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FUENTE: EL ESPAÑOL